Entrevista a Cecilia Médici (Asociación Vivir)

¿Qué opina de la adopción por entrega directa?

No se puede en todos lados. En Capital Federal se prohíbe. En el resto del país en todos lados está permitido. En algunas provincias la modalidad es más común que en otras. En algunas, como Misiones, hay hasta jurisprudencia a favor de la entrega directa.
Yo creo que la adopción directa es fabulosa, es lo mejor que te puede pasar, que es tomar contacto con los padres sanguíneos. Siempre haciendo bien las cosas, esto permite que la madre por adopción le pueda preguntar a la madre biológica todo de la criatura: antecedentes, parto, características del niño (si ya es más grande). Esto va a decir muchas más cosas de la criatura que un legajo. Además, no es lo mismo que un juez te diga que seas madre de Juan a que la madre decida dártelo porque no lo puede criar. La fuerza, el mandato y el compromiso que tiene eso, no es lo mismo que si te lo da un juez. Una cosa es la fantasía y otra es la realidad, ya que las cosas toman color, conozco el pasado de mi hijo para que después el pueda armar el rompecabezas de su vida. En una entrega directa también lo ideal es sacar fotos.
Yo estoy muy a favor de la entrega directa, sin embargo en Argentina se ha hecho un gran comercio de esto, entonces yo he empezado a tener algunos signos de interrogación porque en muchos casos se desvirtúa lo que es la entrega directa. En muchos casos hay extorsiones solapadas, relacionadas a la venta y la compra. En Argentina un alto porcentaje de la entrega directa está contaminada.

¿Qué opina sobre los institutos de menores?

Yo soy anti-institución. Soy uno de los pocos profesionales que abiertamente estamos en contra de la institucionalización de los niños. Somos pocos, contados con la mano.
En el país hay casi 30 mil chicos en institutos que, cuando De la Rúa era presidente, entregó a las organizaciones no gubernamentales un manual que decía que el Estado gastaba 3000 pesos por mes por niño institucionalizado. Provincia de Buenos Aires hace unos 5 años tenía 11 mil niños, más del 80 por ciento de los chicos en institutos de menores penales vienen de institutos asistenciales. Esto demuestra que nuestro sistema claramente fracasa como institucionalización y esos chicos lo que hacen es, luego van a los penales de menores y después luego irán a la siguiente fase. Entonces es un negocio, no hecho a propósito, pero sí, el sistema necesita de los chicos para vivir. En los países pobres y subdesarrollados como los nuestros no hay políticas de desinstitucionalización. Cuando se ha querido desinstitucionalizar a los niños, como en el caso de Costa Rica, lo que ha habido que hacer es crear un plan de empleo para aquellos profesionales que iban a perder su ocupación porque los niños no iban a estar más. Un estudio de la licenciada Ana María Duvanevich, que fue publicado el año pasado, y que ella se recorrió todos los penales de menores de la provincia de Buenos Aires, da cuenta que de todos los niños menores de 12 años internados podrían estar egresados la mitad con su familia de origen y la otra mitad si se trabajara con la familia extensa o fueran dados en adopción. Claro que el 50 por ciento que va con su familia de origen debería recibir ciertos apoyos económicos.
Muchos padres dejan a sus niños y no vuelven, pero pasan y firman el cuadernito una vez al año, y con eso ya está cubierto que cuidan a sus hijos. Es bastante perverso el sistema. Deberían poderse dar en adopción a esos chicos.
Hay una concepción muy arraigada del hecho de que no hay nada como la sangre. Por el otro lado, el juez está tranquilo cuando los niños están seguros en un orfanato y si los da en adopción va a ser cuestionado. Le es más fácil al juez retenerlo en institutos. Igual, cabe aclarar que no todos los jueces son iguales.

¿Hay estadísticas sobre chicos en condiciones de adoptabilidad?

No hay nada. Yo hace unos años presenté al Congreso de la Nación un proyecto de ley para crear un registro de los niños que tenemos en nuestro país, que no lo hay. Ni siquiera hay un registro de los hogares que hay. Entonces, en algunos lugares del país los chicos están a merced del juez que les tocó, ¿y si no les tocaron los funcionarios adecuados?
En Argentina hay dificultad para entender que a veces la familia sanguínea no funciona como familia. Una familia se construye por los lazos del amor, no por el grupo sanguíneo.

¿Es muy común en Argentina las adopciones ilegales?

Legales son todas las adopciones, todas pasan por juzgado. El tema es que no son lícitas ni éticas. Podes tener el gancho del juez, pero eso no te debe dejar tranquila la conciencia. Si lo anotan directamente sí es una adopción ilegal.
Con el tema de adopción en este país hay una paranoia. Argentina ante Naciones Unidas es el único país que no presenta informe del tráfico de órganos ni de prostitución infantil.
Buenos Aires ve mal que haya muchas adopciones, y no es malo. Si los niños necesitan una familia, es buenísimo. En Argentina muchos funcionarios son adoptofóbicos. Es un país que tiene fobia a la adopción. En esta gestión de gobierno, además, hay muchas personas pertenecientes a algunos movimientos, que han bregado para la reivindicación de niños. Esto ha generado una confusión muy importante entre lo que es apropiación y adopción. De modo tal que hemos llegado a la grave enunciación de algunos profesionales que en este momento están diciendo que adoptar es apropiarse de una criatura. Un concepto inadecuado, equivocado y poco falto del conocimiento de lo que es adopción en el mundo. Esto sumado en la actualidad a otros grupos que son muy retrógrados y están diciendo que la adopción es el modo que las clases pudientes tienen de sacarle los chicos a las clases pobres y adoctrinarlos. Estamos en un marco muy confusional.
Por otro lado, se está difundiendo la idea de “búsquese una panza”. Panzas no existen, existen madres que no pueden criar a sus hijos y piensan en el proyecto de adopción para sus hijos. Debemos ayudarlos a tomar la decisión en forma libre, conciente, responsable y para siempre. Si ellos decidieron dar a sus hijos en adopción, ayudarlas a elaborar el duelo de ese chico dado en adopción. Eso no se trabaja en Argentina.
En Argentina hay otro grupo que está forzando muchísimo que las mujeres se queden con los niños, aún a costa de que las mujeres no quieran hacerse cargo. En Argentina muchos ven bien que una mujer aborte, y muchos ven mal que una mujer de su hijo en adopción. Es muy paradójico. Vos matas a tu hijo y está bien, das a tu hijo en adopción y no lo quisiste. Es decir, cuando elegís un proyecto de muerte para tu hijo está bien, solucionaste un problema; y cuando elegís un proyecto de vida para tu hijo, para que viva y pueda desarrollarse, está mal. Es decir, se sanciona a quien opta por la vida y se felicita a quien le dice a su hijo: “¿sabes qué? Ninguna oportunidad para vos”.
(Dar los datos oficiales sobre adopción) sería admitir que la adopción, como está instrumentada hoy, ha fracasado y que hay que replantearse que hay que volver a otro modo. Si yo digo hoy no hay niños en adopción, la respuesta es: “que suerte porque significa que esos niños tienen una familia!”. Un país cuanto más pobre es, mayor exclusión social hay, más familias debilitadas y más niños expulsados. Por lo tanto, debería haberse triplicado la cantidad de niños que van en adopción y sin embargo han bajado casi un 90 por ciento.
Los niños no están llegando a los tribunales. Los que están en orfanatos, que yo los llamo huerfanatos, en general no van a la adopción y quedan pudriéndose en esas tumbas.
Según el estudio de Ana María Duvanevich, los institutos los manejan los sindicatos entonces también a veces los jueces dan determinadas órdenes y los sindicatos las sabotean. Entonces, es lucha de poder, de intereses económicos, de creencias erróneas, de un sistema enquistado, de modelos antiguos.
Si vos tenés un hijo va a ser un niño, pero si vive en un instituto va a ser un menor. Un horror, ¿no? Yo creí que era un niño también.

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